LA REFLEXIÓN DE LO SOCIAL A TRAVÉS DEL DISCURSO AXIOLÓGICO
Blanca Reguero
Facultad de Psicología. UNAM. Febrero de 1996.

Introducción

La Axiología (1) es la parte de la Filosofía que estudia los valores, con el objeto de formular una teoría que permita explicar la existencia y la vigencia de todo un mundo de producción humana que tiene importancia definitiva para la vida del hombre y su desarrollo histórico social.

La palabra axiología la emplearon por primera vez, en el siglo XX, el francés Paul Lapie en su obra Logique de la volonté, 1902, y el alemán Eduard Von Hartmann en su obra Grundriss der Axiologie, 1908; si bien la expresión "valor" fue empleada originariamente por los economistas para designar el valor de uso o de cambio que poseen las cosas.

La Axiología aparece aproximadamente a principios de siglo y alcanza gran desarrollo a través de dos grandes pensadores alemanes: Max Scheler y Nicolai Hartmann.

La teoría de los valores actual ha dirigido sus debates e investigaciones en diversas direcciones, especialmente, los que se han dirigido al carácter absoluto y relativo de los valores. Es decir, los que han tomado como punto de partida para una Axiología la determinación de valor como algo reductible esencialmente a la valorización realizada por los portadores de valores, o como algo situado en una esfera metafísica independiente. Los que pueden calificarse de nominalistas éticos, (2) que consideran que el valor depende de los sentimientos de agrado y desagrado del hecho de ser o no ser deseados, de la subjetividad humana individual o colectiva. Y, los que consideran que lo único que hace el hombre frente al valor es reconocerlo como tal y aún considerar las cosas valiosas como cosas que participan.

Estas posiciones, como sea aprecia, las podemos dividir en tres:
 

1. La que podría llamarse la teoría platónica del valor, con todos sus matices y posibles interpretaciones. En esta teoría se sostendrá que el valor es algo absolutamente independiente de las cosas; mejor aún que es algo en que las cosas valiosas están fundadas, de tal suerte que un bien sería sólo por el hecho de participar de un valor situado en una esfera metafísica.
 

Los valores serían en tal caso entidades ideales pero de una idealidad "existente", seres en sí, perfecciones absultas. La confusión de la irrealidad del valor con la idealidad de los objetos ideales tiene su base en una actitud intelectualista para la cual son el espíritu, la razón, los que frente a la sensibilidad, descubren los valores y efectúan la identificación del ser con el valor. Esta posición plantea algunos problemas cuando tiene que enfrentarse con la efectividad del mal y del disvalor, pues éstos tienen que ser considerados como una disminución del ser y aún como una nada.

2. El nominalismo de los valores, para esta teoría el valor es relativo al hombre o a cualquier portador de valores. El valor es fundado en la subjetividad, en el agrado o el desagrado, en el deseo o la repugnancia, en la atracción o la repulsión, que son actitudes vinculadas al valor pero que no pueden constituir la esencia del valor mismo. Los valores consisten en tal caso, en el hecho de que la cosa considerada valiosa produzca agrado, deseo, atracción, etcétera y, no en el hecho, más fundamental, de que el agrado, el deseo, la atracción, sobrevengan a causas del carácter valioso de la cosa. El motivo fundamental de este nominalismo de los valores radica en la reducción de todos los valores de orden superior a los valores de orden inferior, en los cuales hay coincidencias del valor con el agrado.

3. La teoría de la apreciación, en donde los valores no pueden, por sí mismos, cambiar la realidad. La determinación que de ellos emana no es directa, ni irresistible. Para que las exigencias ideales del deber se conviertan en algo real, es indispensable la intervención del hombre, lográndose así la trascendencia de los valores en la esfera de la conducta. (3)
 

I. La Axiología en el discurso político

Siempre que se enfrenta una situación de crisis -ya sea a nivel personal o social- hay (o debiera haber) un replanteamiento de los valores sobre los que se fundamenta el ser individual o el colectivo. Este proceso no necesariamente se da de manera deliberada y "racional"; por el contrario, se ponen en juego los sentimientos y emociones del individuo, puesto que los valores, en tanto morales, atañen a nuestra experiencia subjetiva, dan sustento y coherencia a nuestra visión del mundo en un nivel más tangible que el de la conceptualización abstracta propia de los procesos cognoscitivos del pensamiento y el lenguaje.
 

Es justamente ahí donde, para algunos filósofos, radica la importancia de los estudios morales: "mientras el conocimiento de las facultades intelectuales ha conducido a buscar un yo (individual o social) abstracto e idéntico, la moralidad ha inducido a hacerlo en el sentido concreto ligado a los demás". (4)
 

Esta dimensión subjetiva es la que convierte al problema moral en un tema espinoso y conflictivo, que, en el marco de la praxis individual y social, despierta pasiones y enciende los ánimos. Afortunadamente existe la Axiología, la teoría de los valores, la cual pretende ser una ciencia reflexiva y crítica, que analiza desde la objetividad de la razón el problema moral referido a la representación de esas "guías" para la vida práctica que son los valores.

Así pues, la Axiología cobra singular importancia en esta época de crisis que vivimos, para tratar de esclarecer las bases individuales y colectivas sobre las que se están edificando los distintos proyectos de país que actualmente se debaten en el plano político y económico, e incluso para tratar de establecer al más apto (no olvidemos que la Axiología, como parte de la Etica (5), es una disciplina práctica y normativa).
 

Este afán fue previsto por el mismo Aristóteles (384-322 a.n.e.), quien creía que la moral era parte -en tanto ciencia- de la política y la justificaba así: "En política no es posible cosa alguna sin estar dotado de ciertas cualidades, quiero decir, sin ser hombre de bien. Pero ser hombre de bien equivale a tener virtudes; y, por tanto, si en política se quiere hacer algo, es preciso ser moralmente virtuoso. Esto hace que parezca el estudio de la moral como un parte y aun como el principio de la política..." (6).

Es decir, Aristóteles incerta el debate sobre la moral en medio del quehacer y la organización social del hombre, dándole relevancia para la conducta práctica del individuo y de la colectividad.

Los grandes pensadores políticos desde Cicerón (106-43 a.n.e.) a Marx (1818-1883), pasando por Maquiavelo (1469-1527) y Rousseau (1712-1778), dieron en parte la razón a Aristóteles al poner de una forma u otra, la problemática de los derechos y virtudes del hombre en el centro de sus sistemas. Esto es terreno ya de la Axiología, en la medida en que a partir de tal derecho se construyen históricamente los valores como objeto de la reflexión.

Así que queda justificado el intento de recurrir al estudio axiológico en busca de algunas respuestas a nuestros problemas actuales y de utilizarlo como herramienta en el análisis político.
 

Es necesario, primero, realizar un esbozo histórico del problemas de los valores dentro del pensamiento filosófico y científico, para luego retomar el aspecto práctico y actual de los mismos.

II. Sistemas Axiológicos: universalismo y relativismo

La mayoría de las corriente filosóficas que han abordado explícitamente el campo axiológico, coinciden en considerar a los valores como patrones ideales de las cualidades que un bien (en el amplio sentido de la palabra) debe poseer conforme a su propia naturaleza. Sin embargo, este acuerdo sólo es salvable a nivel de los bienes materiales, de los que se derivan valores propios del conocimiento de la dimensión física y tangible de la naturaleza; al abordar la esfera subjetiva (en tanto experiencia individual) de la conducta individual y social del hombre es cuando las discrepancias surgen. Estas discrepancias giran en torno a si han de considerarse los valores como universales y objetivos, o como relativos al sujeto y su circunstancia.

Así, por un lado, se define una tradición que parte de Platón (428/7-348 a.n.e.) a Kant (1724-1804) y Scheler (1874-1928), quienes afirman la existencia de valores universales, válidos en todo momento histórico e independientes del sujeto. (7)
 

Platón estableció como fin último del hombre, alcanzar la Idea del Bien, a través del desligamiento del mundo material. En esta Idea del Bien es donde radica la felicidad del hombre (fundamento conceptual del Eudemonismo). Este planteamiento se refleja posteriormente en la moral cristiana, que postula a los valores del espíritu como bienes a alcanzar por sobre los de índole material. Esta idea contrasta con sistemas filosóficos orientales como el Confucionismo, que busca más bien, la unidad material y espiritual del hombre. (8)

Este marco conceptual continúa en Kant, quién estableció la universalidad de los valores al considerarlos como Imperativos categóricos a priori, es decir, enunciados formales sobre el "deber ser", independientes de la experiencia, pero que la predeterminan y guían la conducta valorativa. (9)

Posteriormente, Scheler, al contrario de Kant, considera a los valores como dados con un contenido material, con lo cual hace derivar al deber de la intuición personal del valor, el cual, sin embargo, sigue siendo universal en sí. Cabe hacer notar que Scheler deriva su Axiología de un concepto cristiano del amor y el valor de la persona. (10)
 

En contraposición a esta tradición, encontramos otra que parte de Protágoras (c. 480-410 a.n.e.),con su famoso lema "el hombre es la medida de todas las cosas", pasa por el Hedonismo de Epicuro (341-270 a.n.e.), llega hasta el Utilitarismo de John Stuart Mill (1806-1873) y el Pragmatismo de James (1842-1910).
 

En todas estas escuelas se encuentra una noción de valor que se deriva de las circunstancias temporales del individuo y la sociedad. Por ello, consideran a los valores como relativos, aunque, al igual que los otros pensadores, siguen manteniéndolos dentro de una categoría idealista o formalista.

En el fondo, el debate sobre la universalidad o el relativismo de los valores es en realidad un debate entre concepciones distintas de la naturaleza humana. En el primer caso, prevalece una posición "esencialista" del ser humano, la cual se fundamenta en la creencia de la existencia de una substancia fija del mismo; para esta postura, el valor se define de antemano y es puesto como meta a alcanzar. En el segundo caso, predomina una visión del hombre como fenómeno cambiante, para la cual, el valor no se establece de manera fija (relativo a alguna esencia), sino que depende de circunstancias particulares.
 

Los axiólogos actuales han tratado de superar esta contradicción al establecer distintos niveles de manifestación del valor, a los cuales corresponden distintos niveles del estudio axiológico. En este contexto, Theodor Lessing define, en primer lugar, un nivel para la Axiología Pura (o Trascendental), como teoría del valor en general. En segundo lugar, está el nivel de la Fenomenología del Valor, como teoría de la significación personal del valor y la conducta valorativa; en tercer lugar, se encuentra el nivel de la Axiología Actual, como teoría de las determinaciones psicológicas, económicas y biológicas que generan los valores y especifican el carácter de la conducta valorativa.

De cualquier forma, se establecen los valores como representaciones subjetivas (ideales) de la realidad, dependientes de los sentimiento y la intuición emotiva. (11)

III. Marxismo, Existencialismo y Axiología

La crítica que el materialismo dialéctico ha hecho a la Axiología de corte formalista, es decir, a la mayoría de las doctrinas anteriores, es la de hacer radicar los valores en principios ideales trascendentales al hombre, convirtiéndose en "formas de mistificación y ocultamiento de la realidad... entonces, la moral es formal y requiere una justificación de autoridad". (12)
 

Proudhon (1809-1865) puso de relieve este hecho, al afirmar que "el hombre quiere ser respetado por sí mismo y hacerse respetar. En cuanto, so pretexto de religión de los Dioses o de razón de Estado, creáis un principio de derecho superior a la humanidad y a la persona, tarde o temprano el respeto de este principio hará que se pierda de vista el respeto del hombre". (13)

Por lo tanto, Marx (1818-1883) y Engels (1820-1895), al postular dentro de su teoría de las necesidades la creciente complejidad de la organización económica y social como fundamento de la consciencia del hombre, sientan las bases para una Axiología Materialista que postula la objetividad y universalidad de los valores como producto de la experiencia histórica, no de esencias ideales.

Sin embargo, la subordinación de la Axiología a los procesos económicos, dejó de lado la esfera netamente individual del hombre. Esta es, de hecho, la principal crítica del humanismo existencialista al materialismo histórico (y al uso que de éste hizo el Partido Comunista fiel a Stalin (1879-1953)). Sartre (1905-1980), hace radicar toda formulación de valor en la libre elección del individuo, lo cual lo hace responsable del curso de su existencia ante sí y ante los demás. (14)

Lo importante para nosotros aquí, es cómo Marx y Sartre cuestionan el principio de autoridad como fundamento del valor, poniendo en el centro del problema al poder y a la libertad, postulando la responsabilidad y la consciencia del individuo con respecto a su existencia personal y situación histórico-social, como alternativas para la construcción de una nueva visión del hombre y, por tanto, de una nueva Axiología.

IV. Aportes de la Psicología a la reflexión axiológica

La Psicología Moderna también ha aportado elementos importantes para modificar nuestra concepción del mundo y, con ella, la forma de enfocar a la Axiología.
 

La teoría Psicoanalítica con Freud (1856-1940), puso de relieve el papel de los deseos y sentimientos inconscientes en la determinación de la conducta. Para él, el desarrollo de la vida en sociedad requirió la formación de una moral represora que sacrificara los impulsos sexuales y agresivos del hombre en aras de poder construir la civilización. Esta situación conflictiva del hombre es explicada debido a su naturaleza contradictoria e instintual.

El psicoanálisis, entonces, postula la necesidad de reconciliar al hombre consigo mismo, a través de la liberación del material reprimido y su sublimación en productos útiles a la adaptación del individuo adulto, cuyos valores morales deben de conciliarse con su vida emocional y afectiva.

Por otra parte, la Psicología Evolutiva de Piaget (1896-1980), señaló la relevancia del desarrollo de la inteligencia en la conformación de la moral individual: en la medida que se desarrolla un pensamiento formal y cada vez más complejo, los valores del individuo dejan de depender de la autoridad externa para convertirse en principios autónomos y flexibles, mediante la articulación de las operaciones lógicas del pensamiento con los juicios y conceptos morales. (15)

El psicólogo ruso Vygotsky (1896-1934), incorporó a la explicación del desarrollo intelectual y emocional el papel del contexto socio-histórico. Basado en las tesis de Engels sobre el desarrollo del trabajo, Vygotsky analizó el desarrollo de la conciencia y el contenido ideológico a partir de la interacción social del niño con el medio social, en la cual el lenguaje es el instrumento principal de la adquisición y reconstrucción de los medios y bienes del grupo social. (16)

Así, los valores del grupo social serán redimensionados en el individuo por mediación de la conciencia y la vida emocional del mismo.
 

En resumen, la importancia de los trabajos de psicólogos como Freud, Piaget y Vygotsky para la Axiología, es que esclarecen el carácter complejo y unitario del fenómeno del valor (lo cual sirve al intento de definir distintos niveles para su estudio, como lo hace Lessing). De ello se pueden derivar algunas conclusiones:

a) Los valores apelan tanto a la experiencia subjetiva (emociones, deseos, sentimientos), como al nivel más objetivo del hombre (inteligencia, lenguaje), es decir, a su totalidad.

b) No sólo se manifiestan en la realidad concreta, sino que la dirigen hacia metas abstractas y universales (su conocimiento involucra tanto a la deducción como a la intuición).

c) Son relativos al individuo y su contexto social y material, pero la experiencia histórica permite la construcción de representaciones universales y categóricas del valor.
 

V. Conclusiones: ¿qué valores, para qué sociedad?

Después de revisar algunos aspectos sobre la teoría del valor y su consideración en distintas escuelas del pensamiento, podemos retomar nuestro problema inicial: ¿Cómo reintegrar la cuestión de los valores a la reflexión y solución de los grandes problemas nacionales?, problema ético que apela a la relación de los individuos aislados con la colectividad y la forma en que ésta organiza sus instituciones y procesos político-económicos.
 

Dentro de este marco, se vislumbra como central para cualquier formulación el papel del poder y la autoridad en la sociedad y el Estado mexicanos, ya que sobre estos principios se consolidan los valores tradicionales que les han dado sustento y cohesión.
 

Efectivamente, podemos encontrar que en la familia mexicana tradicional, la autoridad del padre y la madre son premisas fundamentales sobre las que se construye la vida familiar y la personalidad del individuo: al padre tal poder le viene de su papel como sustento económico y a la madre de su papel como sustento afectivo de las relaciones intrafamiliares.

Esta estructura familiar es sustentada por el contexto social, donde se encuentra una fuerte tendencia a consolidar la autoridad como valor organizador de las relaciones sociales: por un lado, un fuerte componente religioso, y por otro, un fuerte componente histórico (la tradicional verticalidad en la toma de decisiones), son los pivotes sobre los que giran el discurso y las prácticas usadas por las instituciones sociales (llámese iglesia, estado, partido, sindicato, etc.).

En los últimos años, la concreción cada vez más fuerte del proyecto neoliberal, la aculturización con los Estados Unidos y la globalización de las comunicaciones y bienes tecnológicos, sumados a los fenómenos internos de pobreza, injusticia y antidemocracia, han deslegitimado los valores nacionalistas del discurso económico y político. Este fenómeno ha permeado el resto de las esferas de la vida social en el período de transición hacia nuevas prácticas, ha generado un tremendo vacío de poder y, sobre todo, de la autoridad moral de quienes tradicionalmente la detentaban.

El resultado de esta situación, es la falta de una serie de valores éticos que acompañan el proyecto político y económico, parapetado en las promesas de bienestar futuro y en la apelación al autoritarismo, lo que le quita cualquier relevancia en términos de las expectativas y anhelos individuales de la mayoría de la población.

Lo que quizá resulta más grave, como decía Fromm (1900-1980), es la falta de confianza en nosotros mismos para retomar las riendas de nuestro destino (individual y colectivamente) y construir así un proyecto de nación basado en una serie de valores fundamentados en el diálogo, la tolerancia, el respeto mutuo y el análisis cuidadoso de nuestra experiencia histórica, de tal suerte que sea relevante para cada individuo y cada grupo étnico y social que conforman nuestra nación. (17)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS